La Belleza Pura
Tengo un amigo que elaboró una teoría acerca de la belleza. Se llama Teoría de La Belleza Pura. Es una interesante teoría acerca de qué es lo bello y cómo abarcarlo separándolo de lo que el llama «Factores Externos», es decir, todo lo que sería ajeno a lo meramente físico, ya sean disposiciones culturales, estatus económico, rasgos psicológicos y demás.
Según esta teoría, por ejemplo, nuestras elecciones de pareja se basan, en cuanto a lo físico se refiere, en un nivel de belleza al que podamos aspirar. Según esto, elegimos de acuerdo a un patrón de lo que «nos es posible». En realidad, se basa en una transposición de la teoría liberal de la oferta y la demanda: así, habría un «mercado» de otras personas disponibles que satisface a una demanda específica. Dice que, por ejemplo, todo hombre desearía estar con una modelo, pongamos por caso Claudia Schiffer, pero ante la evidente imposibilidad de que esto suceda, se buscan otras alternativas que se acomodan más o menos a sus parámetros.
Para entender la teoría en toda su dimensión habría que, según mi amigo, «vaciarla de contenido». Es decir, que aplicaría solo teóricamente, pues está en búsqueda de lo que es la belleza más allá de toda influencia externa a ella. Esto presenta un problema de entrada: ¿cómo entender lo bello separado de, por ejemplo, los estereotipos? Los estereotipos, por definición, son construcciones sociales, y por ende tienen asidero dentro de una cultura determinada. Ciertos estereotipos funcionan para una cultura pero no para otra.
En rigor, es mi parecer, no se puede asumir, por ejemplo, que para cualquiera una mujer o un hombre de ojos celestes y rubio es una persona bella. Porque esto es un estereotipo, o un arquetipo en todo caso, y en cualquiera de los dos casos, se trata de un rasgo cultural.
Pero pongamos que nos sometemos al «vaciado de contenido»: es decir, no ponemos ejemplos, solo nos atenemos a la teoría pura. En ese caso uno debería asumir que existe un «modelo» de persona perfecta, al que todos querríamos acceder, y frustrados ante la imposibilidad de hacerlo, nos deberíamos conformar con lo que queda. La idea es tentadora, porque explicaría muchas de las frustraciones que sufrimos en la vida cotidiana. Pero estas frustraciones no son más que un producto de nuestras mentes. El pensar que hay algo mejor a lo que podemos acceder, el tener en la cabeza un modelo ideal de belleza nos lleva a ser derrotistas, y perdemos de vista una cuestión fundamental y es que, para alcanzar algún grado de felicidad, es sano no pensar siempre en que podemos tener algo mejor de lo que tenemos. Por lo demás, creo que es imposible separar lo «bello» de lo cultural, puesto que creo que todo esta imbuído de cultura. Además, si uno aspira a ser un buen seductor, tiene que aspirar a que ninguna mujer es imposible de seducir; esta es la regla número uno.
el 20-04-2008
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